Esta zona cercana a la calle Trafalgar fue durante años un espacio de talleres y fábricas textiles que marcaron el carácter del barrio. El textil no solo dio trabajo, sino identidad: ritmo, materia y una forma creativa de habitar.
El edificio forma parte de esa historia y fue testigo de la transformación de la ciudad. Nació para producir y, con el tiempo, se transformó para acoger. Conservar su memoria no significa quedarse en el pasado, sino entender de dónde venimos.